jueves, 4 de febrero de 2010
Las razones
miércoles, 3 de febrero de 2010
Ausencias
El post que quedó inédito
Volver
¿Cómo se vuelve?
No me refiero a la vuelta desde un sitio geográfico. En mis años mozos fui aventurera e intrépida (o solamente tenía más ganas) y era capaz de volver desde cualquier lugar del Gran Buenos Aires hacia la Ciudad, sola, en transportes públicos de pasajeros varios, a cualquier hora.
Ahora vivo en un punto estratégico, que permite a mi bolsillo científico pagar un taxi que me devuelva a casa, partiendo desde casi todo punto en la Reina del Plata. Y abandoné definitivamente mis excursiones al conurbano, excepto en aquellos casos en que algún amigo esté por ahí con auto y me pegue un aventón hasta este lado de la Gral. Paz.
La experiencia me deja tranquila, sin embargo, y sé que si quisiera –si tuviera la real necesidad- volvería desde casi cualquier lugar.
Te tomo un tren, colectivos, lo que sea. Por algo siempre llevo una guía en la cartera (incluso cuando uso carteritas de salir, pequeñitas, siempre hay lugar para ella).
El tema es cómo se vuelve, digamos, desde un lugar espiritual a otro. Cómo se retoma un camino que creímos trunco para siempre, que nos vimos forzados a cancelar. La experiencia, en estos casos, es la peor consejera porque sólo sabe opinar sobre lo que ya ha visto.
Y si vamos a volver, queremos otra cosa. Sabemos que si recorremos la calle de la misma manera terminamos en el mismo lugar. A nivel geográfico es bárbaro, a nivel anímico –o permítaseme amoroso- cuando sufrimos el desastre, utilizamos lo vivido para construir otra cosa, y la experiencia sólo sirve para indicarnos qué es lo que no hay que (volver a) hacer.
Así que ahí andamos: volviendo a algún lugar conocido, por un camino que (intentaremos) sea absolutamente nuevo.
Elegir
Miedos
Robo a Puede Fallar

Ariel le dice a un amigo:
-Yo a veces pienso ¿no? Vos conseguís trabajo estable, tenés pareja estable, hijos estables. En un momento se te ordena todo y ¿qué es lo único que te queda por vivir? La muerte. La única sorpresa que te queda por vivir es la muerte.
Decime vos: ¿por qué dejé yo a Estela? ¿Por qué dejé yo a Estela? ¿Eh? Yo a Estela la conocí cuando teníamos diez, doce años. Éramos uno solo, la pasábamos bárbaro. Estuvimos diez años de nuestra vida juntos, la mitad de nuestra vida, prácticamente.
¿Pero sabés cuál es el problema? Para mí Estela era como un tubo que terminaba inevitablemente en la muerte. Así como habían sido esos diez años iban a ser los próximos cincuenta años de nuestra vida.
Ahora, ¡qué pelotudo que soy! Porque ahora sé que voy a morirme igual, pero sin Estela rascándome la cabeza.
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De la película El abrazo partido. Burman, 2003.
La vara con que se miden las cosas
Luna
En año nuevo, cuando fuimos para tu departamento, llevé la cámara. Me dije que (salvo unas muy feas que saqué en tu último cumpleaños) no tenía fotos de tu casa. Pensaba obligarte a sacarnos una los dos, y aunque más no sea enmarcarla para mí, para verte cada día al levantarme, para no tener que recurrir al recuerdo.
Esa noche, en tu casa, discutimos, y no fue posible. Pero antes de eso (no sé si te acordás) saqué unas fotos muy truchas de una luna que, reflejada en el río, se veía hermosa.
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martes, 2 de febrero de 2010
Me puse muy pelotuda, ya sé.
Esta es una canción de esas chotísimas.
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Pero escuchala, dice mucho de lo que siento.
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Quizá no fue coincidencia encontrarme contigo...
Tal vez esto lo hizo el destino...
Quiero dormirme de nuevo en tu pecho...
y después me despierten tus besos.
Tu sexto sentido sueña conmigo,
sé que pronto estaremos unidos.
Esa sonrisa traviesa que vive conmigo.
sé que pronto estaré en tu camino.
Sabes que estoy colgando en tus manos,
así que no me dejes caer.
Sabes que estoy colgando en tus manos.
Te envío poemas de mi puño y letra.
Te envío canciones de 4:40.
Te envío las fotos cenando
en Marbella y cuando estuvimos por Venezuela.
Y así me recuerdes y tengas presente,
que mi corazón está colgando en tus manos.
Cuidado, cuidado, que mi corazon está colgando en tus manos.
No perderé la esperanza de hablar contigo.
No me importa qué dice el destino.
Quiero tener tu fragrancia conmigo.
Y beberme de ti todo lo prohibido.
Sabes que estoy colgando en tus manos,
así que no me dejes caer.
Sabes que estoy colgando en tus manos.
Te envío poemas de mi puño y letra.
Te envío canciones de 4:40.
Te envío las fotos cenando
en Marbella y cuando estuvimos por Venezuela.
Y así me recuerdes y tengas presente
que mi corazón está colgando en tus manos.
Cuidado, cuidado, mucho cuidado, cuidado.
Marta yo te digo me tienes en tus manos.
Cuidado, mucho cuidado.
No importa que diga el destino quédate conmigo
cuidado, mucho cuidado.
Lo quiero todo de ti
Tus labios, tu cariño, lo prohibido.
Te envío poemas de mi puño y letra.
Te envío canciones de 4:40.
Te envío las fotos cenando
en Marbella y cuando estuvimos por Venezuela.
Y así me recuerdes y tengas presente,
Que mi corazon está colgando en tus manos
cuidado, cuidado... que mi corazon está colgando en tus manos
que mi corazon está colgando en tus manos,
que mi corazon está colgando en tus manos.
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Detalles
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*siempre pensé, dentro de mi estupidez tal vez, de mi inseguridad, por qué a mi nunca nadie jamás me había enviado flores.
Las cosas que no entiendo

Actividad paranormal

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Es curioso, porque no suelo ser una persona muy intuitiva, sin embargo te siento al final de un hilito que sale de mí, como dos latitas atadas por un piolín.
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No sé si te acordás, pero cuando empezamos a estar juntos vos trataste de cortar dos veces. En ambas, te dije que yo sabía la potencialidad que había entre los dos.
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Tiempo después, un día que volvíamos de un cumpleaños y estabas medio en pedo, me miraste -todavía te recuerdo al volante del 147- y me preguntaste cómo (si para ese entonces todavía no nos conocíamos lo suficiente) podía estar tan segura de que íbamos a estar bien. Te contesté: no sé, simplemente lo supe.
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Si me preguntás ahora, sigo sosteniendo (pese a todo lo mal que me siento, pese a los vaivenes inentendibles) lo mismo. No sé cómo lo sé, pero pienso que -si nos pusiéramos las pilas- nadie me puede hacer más feliz que vos, y nadie te puede hacer más feliz que yo.
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Las cosas se rompen, claro. Y eventualmente, más temprano o más tarde, es posible que nos encontremos a gusto con otra persona. Pero creeme -y te pido que me creas, así, medio como una cuestión dogmática- que sé que lo mejor está entre nosotros, no afuera.
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