martes, 2 de febrero de 2010

Las cosas que no entiendo


Acá hay un recorte del correo que me mandaste, fechado el 18 de enero. En ese correo decías muchas cosas que yo quería charlar con vos, pero el segundo párrafo estaba claro 'Sole, yo te amo, y pienso muchas veces en lo afortunado que soy en tenerte al lado mío'.
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Quedamos en encontrarnos a charlar, me dijiste que sí (en el interín me mandaste muchos mensajes de texto sobre la peli El nombre de la Rosa) y desapareciste.
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Conociéndote como te conozco, lo que creo que pasó es que fuiste a lo de Hernán, surgió lo de Miramar y tuviste ganas de ir. Si hablabas conmigo no ibas a poder ir, no me pusiste por delante de tu deseo -ésa como tantas otras veces- y te fuiste.
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Te sabías culpable (y te lo habrán dicho, no me cabe duda) y culpable sobre culpable chau, en lugar de hablar conmigo, fue, cortemos todo.
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No creo que, como me dijiste la última vez que hablamos, no me ames, o que no sepas si me amás.
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Creo que, muy por el contrario, nunca quisiste a alguien en tu vida como ahora, nunca se te revolvieron tantas cosas, nunca te pasó de sentirte tan al límite, de llegar a algo tan en serio.
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No te escapes, cuidá lo que tenés, porque eventualmente se va a ir y no te va a alcanzar toda la vida para arrepentirte. No es una amenaza. Pensalo: estás todo sacudido. ¿Eso se siente ante cualquiera?
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