miércoles, 3 de febrero de 2010

Ausencias

Uno de los cuentos más paradigmáticos de Borges es El Aleph. Todas sus obras admiten varios niveles de lectura, por eso es que a veces uno se queda más prendado de una idea lateral -que parece puesta en el cuento por casualidad- que del desarrollo central.
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En El Aleph, el protagonista está enamorado de Beatriz. Pero Beatriz está muerta, y él sólo puede pensar en todo lo que ella ya no va a ver: los carteles de publicidades cambian, los comercios... El mundo sigue y su amada no podrá ver esos cambios, lo que es, tal vez, la definición más acabada de la muerte: la ausencia.
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Tengo el obvio dolor de no tenerte al lado mío (dolor prácticamente ininterrumpido desde finales de octubre), pero lo que más me molesta es que estés afuera de mi día a día, no poder contarte las cosas que me pasan -porque claro, me siguen pasando cosas- y no escuchar sobre las que te pasan a vos.
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Y la vida sigue y vos cada vez estás más lejos de mí, y yo de vos.
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Querría que estuvieras a mi lado abrazándome, mientras te cuento del enorme gato negro que me rasguñó toda la puerta del departamento, desesperado por entrar a mi casa, cosa que hizo, de sopetón, pegándome uno de los sustos de mi vida.
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Contarte de la mariposa de colores raros que encontré en el lavadero.
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Contarte. Pero no sólo eso: me gustaría, claro, seguir con vos hasta el fin del mundo.

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